Previo al alba
Close my
eyes
Feel me now
I don’t know maybe you could not love me now
You will know, and her feet down to the ground
Over there, and I want true love to love
You can’t hide, oh no, from the way I feel
Feel me now
I don’t know maybe you could not love me now
You will know, and her feet down to the ground
Over there, and I want true love to love
You can’t hide, oh no, from the way I feel
Sometimes
My bloody valentine
Me
llevo de la vida las cruzadas de madrugada entre restos de juerga y resabios de
resaca anhelada, luces de megalópolis a las cuatro, las tres, o las diez… luces
puras, limpias, inútiles, neutras, nulas.
Le
he pagado triple tarifa a este taxista para que me brinde un trayecto estéril,
apagado; bogando entre mares de calle, de urbe y luz redentora.
La
ciudad no descansa, pero sí reflexiona en torno a sí misma, esa hora previa al
alba es el adagio de la metrópoli donde confluyen los más altos anhelos por ser
nada entre neón titilante.
Me
llevo de la vida tu cansancio acumulado.
Me
llevo de la vida la sal que tus humores dilapidaron entre brindis anhelantes de
un nuevo y mejor día.
Agradezco
este momento en que no somos el karaoke permanente de un modo de ser, hablar,
vestir y sentir.
Cierro
los ojos entre la luz redentora encontrada, multitud de par de faros a
contracorriente que a contrapunto se regodean en esta paz maternal de mi ciudad
poseída.
Maldigo
tu tiempo que no cuadró coordenadas con el mío. Envidio ese trago de licor en
blanco y negro que no quemará mi garganta esperando tragar, a su vez y después,
tu saliva terciopelo, para aliviar (y disimular) mi voz que se quiebra al
saberte cerca de mí.
Aborrezco
buscarte entre décadas digitales de tiempo mientras soborno mi cordura para
lograr una aproximación a la punta de tus senos breves, a la cresta de tus
labios ciegos.
Entre
las cuerdas de un piano a ritmo de ragtime, odio no lograr extender mis brazos
en el tiempo y el espacio para desgarrar esa gaza que te vela indiscretamente,
imploro por un agujero negro de gusano
para extraviarnos en la dimensión profunda de tus ojos donde la
perdición es promesa y gravitar por siempre nuestro deseo.
Te
odio por consumirte en soledad, mientras hasta hoy, existimos íncubos esperando
germinar entre tus piernas, desafiando al tiempo de muerte, al ciclo de tiempo
y espacio, para coincidir, revolver el tiempo en un cubilete de azar;
recomenzar.
<Contienes
la caja de Pandora, eres calamidad en el tiempo y el espacio, eres ansiedad
dimensional entre millones de miradas que jamás te dignaste a corresponder;
pero que en el fondo se esconde la esperanza de arropar al fin, un día, un
nuevo ciclo.>
Dormito
y sueño a medias, pienso en la otra mitad y obtengo una mezcla onírica de
posibilidades que hoy me reconforta y hace sonreír plácidamente a pesar de mi
media cordura latente que te arrojaría con gusto de un acantilado, odiándote,
mientras tu tobillo comparte con el mío un lazo matrimonial ritual de unidad
eterna.
El
éter ha dejado su lugar al trabajo metabólico de mi hígado que deprime mi
sistema, esperando la profundidad de algún colchón, cualquiera, donde profundo
el cuerpo, se hunda en sueño y reconstruya otro espacio con veinticuatro horas,
en esta tu ciudad, de madrugada, de furia reposada, en treinta minutos previos
al alba, previos del sol, previos del alma.