lunes, 15 de agosto de 2016

Previo al alba

Close my eyes
Feel me now
I don’t know maybe you could not love me now
You will know, and her feet down to the ground
Over there, and I want true love to love
You can’t hide, oh no, from the way I feel
 Sometimes 
My bloody valentine


Me llevo de la vida las cruzadas de madrugada entre restos de juerga y resabios de resaca anhelada, luces de megalópolis a las cuatro, las tres, o las diez… luces puras, limpias, inútiles, neutras, nulas.
Le he pagado triple tarifa a este taxista para que me brinde un trayecto estéril, apagado; bogando entre mares de calle, de urbe y luz redentora.
La ciudad no descansa, pero sí reflexiona en torno a sí misma, esa hora previa al alba es el adagio de la metrópoli donde confluyen los más altos anhelos por ser nada entre neón titilante.
Me llevo de la vida tu cansancio acumulado.
Me llevo de la vida la sal que tus humores dilapidaron entre brindis anhelantes de un nuevo y mejor día.
Agradezco este momento en que no somos el karaoke permanente de un modo de ser, hablar, vestir y sentir.
Cierro los ojos entre la luz redentora encontrada, multitud de par de faros a contracorriente que a contrapunto se regodean en esta paz maternal de mi ciudad poseída.
Maldigo tu tiempo que no cuadró coordenadas con el mío. Envidio ese trago de licor en blanco y negro que no quemará mi garganta esperando tragar, a su vez y después, tu saliva terciopelo, para aliviar (y disimular) mi voz que se quiebra al saberte cerca de mí.
Aborrezco buscarte entre décadas digitales de tiempo mientras soborno mi cordura para lograr una aproximación a la punta de tus senos breves, a la cresta de tus labios ciegos.
Entre las cuerdas de un piano a ritmo de ragtime, odio no lograr extender mis brazos en el tiempo y el espacio para desgarrar esa gaza que te vela indiscretamente, imploro por un agujero negro de gusano  para extraviarnos en la dimensión profunda de tus ojos donde la perdición es promesa y gravitar por siempre nuestro deseo.
Te odio por consumirte en soledad, mientras hasta hoy, existimos íncubos esperando germinar entre tus piernas, desafiando al tiempo de muerte, al ciclo de tiempo y espacio, para coincidir, revolver el tiempo en un cubilete de azar; recomenzar.
<Contienes la caja de Pandora, eres calamidad en el tiempo y el espacio, eres ansiedad dimensional entre millones de miradas que jamás te dignaste a corresponder; pero que en el fondo se esconde la esperanza de arropar al fin, un día, un nuevo ciclo.>
Dormito y sueño a medias, pienso en la otra mitad y obtengo una mezcla onírica de posibilidades que hoy me reconforta y hace sonreír plácidamente a pesar de mi media cordura latente que te arrojaría con gusto de un acantilado, odiándote, mientras tu tobillo comparte con el mío un lazo matrimonial ritual de unidad eterna.

El éter ha dejado su lugar al trabajo metabólico de mi hígado que deprime mi sistema, esperando la profundidad de algún colchón, cualquiera, donde profundo el cuerpo, se hunda en sueño y reconstruya otro espacio con veinticuatro horas, en esta tu ciudad, de madrugada, de furia reposada, en treinta minutos previos al alba, previos del sol, previos del alma.
Once upon a time

Moi je veux vivre, vivre, vivre un peu plus fort
Marilyn
Indochine

Importo no más de lo que puede interesar la mengua de mi luna fluctuando tras de tu nuca dormida.
Importo recuerdos de nuestros intentos por ser más de lo que la promesa inmediata empapada de libido asegura en el porvenir.
Importo un cargamento ilegal de sueños prohibidos con destino entre tus labios… todos.
Importo más de lo que mi triste figura promete enredado a media noche entre tu sudor.
De cuando en cuando, soy un atleta, enarbolo mi pértiga, y salvando la distancia,
catapulto mi humanidad entera hacia el vértigo de la inmensidad de tu piel tensa, tersa y cordial. Vivir más.
Había una vez, un hombre que podía hacer todo. Ninguna tarea era demasiado ardua ni confusa; además, el tiempo era su aliado, todo lo podía concluir en su momento adecuado, justo, ni antes ni después. Un día miró de frente al sol. Comprendió el valor de lo eterno en la inmensidad creada por el frontispicio de la escuálida humanidad urgente. Dejó inconcluso su tiempo. Se largó. Dicen que empezó a vivir.
Si te beso hoy y regreso con la savia ajena de otra aurora no jures más a Dios por nuestro amor eterno; no estará disponible, dicen que  ha venido a experimentar la vida, hoy.
Importé un día que nuestra juventud desgarró cortinas y sacudió el polvo escondido debajo del colchón de tu cama.
Importé y trafiqué debajo de mi sombrero la idea de poseerte por siempre y hasta que el pulso me abandone tirado patas pa´rriba.
Criminal, te deje ir y me deje llevar.
Podría ayudarte, pero solo escucho un zumbido sordo emparedado; continúo monologando.
Soliloquio.
He cometido más errores que aciertos, pero podríamos intentar construir un tálamo en medio de la aridez de estas veinticuatro horas.
Once
Bebernos, poseernos. ¿Por qué no experimentamos el ideal romántico de unificarnos?, ¿Por qué de pronto tu maldita individualidad permea de verde ésta canción? …otra vez.
Dime:
¿Qué hago ahora con esta paleta cargada con tus colores?
Desde ayer, hace ya más de una vida.

Once.