De
sirenas
Algunas noches, soy
fácil,
Tengo que aprender a fingir más… y a no mostrar lo que
siento.
Algunas noches, soy
fácil, no acato límites
Tengo que aprender a fingir más y a pilotear lo que
pienso.
Carismático/yegua.
Babasónicos
Dos policías voltean de pronto mientras te beso, miran con alarma
momentánea cómo nos damos, con la boca, a ojos abiertos.
Esa cortina comercial es menos ruidosa ahora que ellos sonríen y miran de
soslayo.
Alto
La noche tiene más luz de lo que suponíamos, más tiempo lento de lo que
creí. En medio del barullo de esta avenida transitada a las once de la noche,
solo puedo escucharte a ti, a través de tu mano y en la ruta submarina del
sonido sordo de ese charco que pisamos, como niños, otra vez.
Comenzó como una cita cualquiera, entre amigos, una
película, una tarde, y después… -¿qué vas a hacer?... -nada, ¿y tú? -Igual,
nada. Silencio… -¿quieres una cerveza? –ja ja, mejor un mezcal. Me pongo más
retórica.
…Y hablábamos de sirenas,
de su encanto y su brutalidad serena.
De la pobre chica de la película
…y del chico también.
Y debatíamos sobre la sal de gusano
y “El Miguelito”,
el mito, el rito y
no se qué.
Y las tinas invertidas
de metal
alumbraban disertaciones,
sobre el mezcal,
las rodajas de naranja
y el tiempo muerto.
Y me envolvía el sonido de tu boca
-que se llaman palabras-,
y me preguntaba:
por qué perdí
tanto tiempo
hablándole a los sordos,
a los necios,
a los egos;
si ahí estabas tu,
siempre estabas tu
y yo tan ausente,
distraido,
perdiendo el tiempo
entre asfalto y humo,
tan distante.
Y hablabas de lo alto de la música
-del ruido-
y yo con ganas de silencio,
de sellar tus labios,
de probar tu saliva
con sabor a sal,
naranja,
mezcal.
Iniciar el rito,
develar el mito,
de tu encanto.
Pobre de ti, pobre de mi.
Yo, sin cera en los oídos.
Tu.
Brutal y serena,
como sirena.
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