viernes, 8 de abril de 2016

De sirenas


Algunas noches, soy fácil,
Tengo que aprender a fingir más… y a no mostrar lo que siento.
Algunas noches, soy fácil, no acato límites
Tengo que aprender a fingir más y a pilotear lo que pienso.
Carismático/yegua.
Babasónicos

Dos policías voltean de pronto mientras te beso, miran con alarma momentánea cómo nos damos, con la boca, a ojos abiertos.
Esa cortina comercial es menos ruidosa ahora que ellos sonríen y miran de soslayo.
Alto
La noche tiene más luz de lo que suponíamos, más tiempo lento de lo que creí. En medio del barullo de esta avenida transitada a las once de la noche, solo puedo escucharte a ti, a través de tu mano y en la ruta submarina del sonido sordo de ese charco que pisamos, como niños, otra vez.
Comenzó como una cita cualquiera, entre amigos, una película, una tarde, y después… -¿qué vas a hacer?... -nada, ¿y tú? -Igual, nada. Silencio… -¿quieres una cerveza? –ja ja, mejor un mezcal. Me pongo más retórica.

…Y hablábamos de sirenas,
de su encanto y su brutalidad serena.
De la pobre chica de la película
…y del chico también.
Y debatíamos sobre la sal de gusano
y “El Miguelito”,
 el mito, el rito y no se qué.

Y las tinas invertidas
de metal
alumbraban disertaciones,
sobre el mezcal,
las rodajas de naranja
y el tiempo muerto.
Y me envolvía el sonido de tu boca
-que se llaman palabras-,
y me preguntaba:
 por qué perdí tanto tiempo
hablándole a los sordos,
a los necios,
a los egos;
si ahí estabas tu,
siempre estabas tu
y yo tan ausente,
distraido,
perdiendo el tiempo
entre asfalto y humo,
tan distante.

Y hablabas de lo alto de la música
-del ruido-
y yo con ganas de silencio,
de sellar tus labios,
de probar tu saliva
con sabor a sal,
naranja,
mezcal.
Iniciar el rito,
develar el mito,
de tu encanto.

Pobre de ti, pobre de mi.
Yo, sin cera en los oídos.
Tu.
Brutal y serena,

como sirena.

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